SOA y la escurridiza interoperabilidad semántica

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En integración de sistemas, la interoperabilidad semántica consiste en lograr que todos los sistemas que participan en los procesos interpreten la información de la misma manera. Es un objetivo complejo, y las razones de esta complejidad van mucho más allá de las que pueda presentar cada organización en particular. Veamos por qué.

 

Si escribimos en google “Level 7”, obtenemos la bonita cantidad de 54 millones de entradas. La correspondiente a la Wikipedia, nos ofrece distintas acepciones para que escojamos: podríamos referirnos al accidente nuclear de Chernobyl, a un grupo de hackers, a una novela, a una serie de televisión, a una película, o a unas canciones.

 

¿Y quién va a querer buscar en Google «Level 7»? Buena pregunta. Seguramente poca gente. Sigue leyendo y verás por qué lo he buscado yo.

 

En el obsoleto modelo OSI (otro día escribiremos sobre esto), el nivel de aplicación corresponde al nivel 7. Para los que crecimos y entramos en el mundo de la informática en los tiempos en que ese modelo era válido, representaba la máxima capa de abstracción, bajo la cual se apilaba en las demás capas todo el detalle técnico y tecnológico que participa en la comunicación de información entre aplicaciones.

 

En plena vigencia del modelo, a finales de los 80, nació HL7 International con el objetivo de definir, publicar y mantener un conjunto de estándares de interoperabilidad para el sector sanitario. Su nombre proviene de “Health Level 7” (nivel 7 para la Salud), inspirado en la capa más alta del modelo OSI. El impacto que esta iniciativa ha tenido y está teniendo en el sector de la Sanidad, es sencillamente brutal. Estos estándares están además en constante evolución y adaptación a las nuevas necesidades de intercambio de información de las organizaciones públicas y privadas del sector sanitario.

 

En pocas palabras: permite a los sistemas de información participantes en los ecosistemas sanitarios usar un mismo lenguaje de negocio, una semántica de negocio común en su mensajería.

 

Los estandares de mensajeria permiten definir la semantica del negocio

 

En un mundo ideal (del que por supuesto estamos muy lejos), deberían existir unas cuantas organizaciones hermanas de HL7. Debería existir un EL7 para Educación, un FL7 para Finanzas, un JL7 para Justicia, un RL7 para Recursos energéticos, etc, etc. Todo esto si nos empeñamos en seguir la nomenclatura iniciada por HL7 recordando aquel nivel 7 del modelo OSI. Quizás sería más correcto hoy día usar Level 8, o incluso Level 9… es discutible.

 

Pero lo que no es discutible es que la integración de sistemas y el intercambio de información es uno de los principales retos a los que se enfrentan las administraciones y empresas de todos los sectores. Por lo que la industria de las TIC necesita imperiosamente que las organizaciones de estandarización encaren este asunto de forma universal.

 

La interoperabilidad semántica es una condición necesaria (aunque no suficiente) para alcanzar la eficiencia en los ecosistemas de información, para reducir drásticamente los errores y por tanto los costes de mantenimiento, para potenciar las capacidades de interoperabilidad entre distintas organizaciones y empresas, y para mejorar así la interoperabilidad entre distintos sectores dentro de cada industria.

 

De esta manera los flujos de trabajo (procesos de negocio) transversales dentro y fuera de las empresas y organismos, podrán entenderse y crecer de forma natural, dando mejor respuesta a las necesidades reales que plantea el uso diario de sus servicios por parte de los ciudadanos. Un uso que cada vez requiere menores plazos, mejor calidad, mayor coherencia y nuevos servicios.

 

En este blog hemos mencionado varias veces la importancia que tiene la interoperabilidad semántica en una estrategia SOA. Queremos establecer un marco normativo idóneo, un modelo de Gobernanza eficaz, un Catálogo de Servicios publicado y orquestando el flujo de eventos y mensajería entre los distintos sistemas de información que participan en los procesos de negocio… Pero aunque tuviéramos todo esto, si no usamos estándares que permitan definir una mensajería interoperable semánticamente, vamos a tener muchos quebraderos de cabeza. Los componentes de ese ecosistema no se entenderán, porque hablarán en distintas lenguas, aunque todas traten el mismo negocio.

 

Bien es cierto que en aquellos sectores donde no existe un estándar similar a HL7 en sanidad, no hay más remedio que definir uno ad-hoc para alcanzar esa coherencia semántica necesaria en un modelo de interoperabilidad eficiente. Pero si cada organización o empresa que se enfrente a esta necesidad tiene que definir «su propio modelo semántico», mal vamos.

 

Los estandares de interoperabilidad unifican la manera en que los sistemas de informacion se comunican entre si

 

Necesitamos recorrer en sentido contrario el mito de la Torre de Babel: los estándares deben permitirnos unificar y homogeneizar la forma en que los distintos sistemas de información, y los propios ecosistemas de información, intercambian información entre sí.

 

En cada sector debería definirse un estándar que establezca, por capítulos (áreas de negocio), los eventos de negocio significativos para sus procesos transversales. Y para cada evento, los esquemas de mensajería que permitan acompañar dichos eventos con su carga de datos asociada.

 

En cada esquema, que podría estar estructurada en segmentos, como lo hace HL7, cada segmento podría corresponder a un cierta entidad de negocio con granuralidad suficiente para reaparecer en distintos eventos y capítulos (por ejemplo, un cliente).

 

Y para cada segmento, el estándar debe especificar los datos que pueden acompañarlo, indicando para cada uno su tipo, su opcionalidad u obligatoriedad, sus ocurrencias, etc.

 

Y como todo buen estándar debería mantener la especificación en un nivel de abstracción que sea completo, pero no invada las particularidades de los organismos que vayan a usarlo.

 

Serán éstos, en la implementación que realicen del estándar, los que pondrán valores concretos y definirán los detalles que salven cualquier ambigüedad que todo estándar debe mantener, por tener que servir a la generalidad de casos.

 

Mientras no contemos con estos estándares de negocio, solo estaremos construyendo silos más grandes.

 

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